MIRANDO SUNSETS


No soy bueno en matemáticas, pero la última vez que conté éramos dos viendo aquel sunset en primavera, hoy quedé solo yo. Yo solo. 

“Vamos a mirar al sol bañarse en el horizonte” gritabas emocionado como un niño en una juguetería. 

Hoy, frente al mar, solo estoy yo esperando que sean las seis de la tarde.

Me llevabas de la mano corriendo cuesta abajo hasta la costa. Me besabas a escondidas de las señoras tradicionales de Barranco. Y te reías de mis ocurrencias a pesar de que estas no tenían cuando acabar.

Le robábamos el auto a tu abuelo y manejábamos con el volumen alto. Cantábamos Van Gogh. Sabíamos las letras. Éramos dos niños inquietos con ganas de libertad.

El verano se acababa cuando nos conocimos. El cigarro te bailaba en la boca aquella noche que me diste tu mano y tu nombre. La barba sin afeitar derretía mi boca, tu boca. Mis besos pasaron a ser de tu propiedad.

Por primera vez en mucho tiempo rompí todas mis reglas. Te abracé antes de tiempo porque hacía mucho no encontraba una persona capaz de hacer magia sin un sombrero. 

No conocí alguien que usara una conversación como máquina del tiempo, no importaba cuantas horas transcurrían yo perdía toda noción.

Y cuando creí que no podía ser mejor me llevaste al mejor lugar de todos. Porque para mí no hay lugar más seguro que la pista de baile para dejar salir todas esas emociones. Puedo dejar salir todos mis yo sin temor a que sean lastimados. Y a ti te gustaron todos y cada uno de ellos. Habías pasado la primera prueba sin espantarte. 

Aquella noche no necesitamos alcohol para armarnos de valor. Me besaste y yo recibí aquel momento como uno de mis favoritos. 

¿Quien habrá escrito nuestra historia? Quien haya sido es un narrador fascinante.

Al día siguiente me buscaste a las cinco de la tarde en la puerta de mi casa y dijiste las palabras que se convirtieron en una tradición entre nosotros:

“Vamos a mirar sunsets”

Al malecón, o desde lo alto de mi edificio o el tuyo. Mirábamos al sol despedirse prometiendo regresar.

Cuando me enteré de la existencia de aquel pasaje de avión. Mi corazón se detuvo para procesar los fragmentos de aquella noticia. Sabía que era demasiado bueno para ser verdad. Que los momentos increíbles estaban contados y tienen fecha de caducidad.

Me puse terco como toro que no se deja torear. Me diste la gran noticia y no estuve preparado para dejarte marchar. Sin embargo, tuve que fingir que todo será igual y te dije que lo único que nos esperaba a la distancia es una gran amistad.

Porque conozco mi corazón y no sabe esperar. Las primeras noches con tu ausencia me repetía antes de dormir: Deja que se vaya y tú también haz lo mismo, vete lento y en buenos términos. Aléjate bonito como el sol hundiéndose en el horizonte, como los sunsets que solían ver.

Las despedidas de largo plazo no son mis favoritas. Cuando te fuiste, mi vida volvió a la normalidad. Así de simple. Tres San Valentín han pasado y en ninguno has estado. Ya no pude atravesar el espejo y ver ese mundo que veíamos juntos. Tú tenías la capacidad de transformar mis estados de ánimo, y convertir en una canción cualquier momento de nosotros juntos. 

Hoy todo vuelve a ser real. Extraño soñar. 
Él me dijo que iba a regresar. Y regresó.

Pero parecía como si no hubiese vuelto jamás. Él cambio y yo cambie. Los años pasan y el sr. Tiempo vuelve a hacer su trabajo.  

Poco a poco vinieron hacia a mí nuevas cosas en que pensar. Proyectos postergados y nueva gente a quien gustar. Pero como él nadie me ha vuelta a encantar. Y nos sigue uniendo aquella amistad que prometimos tener.

Él se volvió a ir y no lo he vuelto a ver. Pero cada vez que son las seis y manejó cerca al mar, me detengo a mirar los sunsets que solíamos mirar. 

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