EL CHICO DEL BUS Cap. #21 UN MAL SUEÑO



Después de esperar cerca de veinte minutos y con dos colillas de cigarro adornando el suelo por donde caminaba de un lado a otro, me sentía impaciente y cansado; es evidente luego de haber manejado cerca de cuatro horas.

El sol del sur hizo de lado a las nubes grises de la capital. Aquella ciudad desértica a la cuál había acudido con determinación, y a 180 km por hora, es un desierto de altas temperaturas.

Desde anoche, cuando cenaba con G, sabía que la única manera de encontrar una respuesta es dar con el paradero de aquel cactus solitario cuyas espinas lanzadas desde la distancia hacían daño.

He estacionado mi auto en una calle cerca a un edificio corporativo e ingresé en él luego de darle una propina al portero. Bajé a los estacionamientos del sótano tres, el sol de Ica es tan insoportable que allí abajo se evidenciaba aún más, tenia la camisa empapada y los nervios en punta, a la espera de él. Como un cocodrilo asomando sus ojos sobre el lago a la espera de su victima. 

Cuando me disponía a encender el tercer cigarro escuché unos pasos y las voces de dos personas conversando, me oculté detrás de una de las columnas y me asomé solo para verificar que uno de ellos me resultaba desagradablemente familiar.

No cabe duda, pensé.  Después de todos estos años el cinismo en su expresión está intacto, y eso despertaba en mí un alarmante impulso de acudir hasta su cuello y estrangularlo hasta hacerlo confesar. Sin embargo, esperé pacientemente hasta que la otra persona se fuese.

La luz del sótano era tenue y amarillenta, y el penetrante olor a monóxido de carbono altamente insoportable. Aún si me desmayase, me quedó a esperarlo todo el día si es preciso. 

Una vez solo, el individuo se dirigió hacia un peugeot color rojo de modelo indescifrable, subió y cuando se disponía a retroceder se detuvo; sé que me vio a través del espejo retrovisor parado detrás del auto, entonces bajó el vidrio con una expresión pasmada.  

-       Lo veo y no lo creo – murmulló.

Me acerqué hasta la puerta del auto y me apoyé en el vidrio semiabierto.

-       Te voy a hacer dos preguntas. Respóndemelas y te dejo tranquilo– le dije pasando por alto un cordial saludo.   

Él solo esbozó una sonrisa y me admiró de pies a cabeza con un brillo en los ojos que evidencian una nostalgia pasional; para mí, sin embargo solo sentí asco. Bajó del auto y nos miramos frente a frente. Él me extendió los brazos.

-       Al menos me darás un abrazo – dijo el muy cínico.

Aquel reencuentro no es nada agradable.

-       Hablemos en otro lugar – objeté clavando la mirada con mas ímpetu que antes.
-       Querido, hueles a cigarro mentolado ¿Te queda alguno? – prosiguió él ignorando lo que le dije. 

Respiré profundo tratando de contener cada reacción impulsiva y brusca. No creía necesario usar la violencia, pero su descaro me sacaba de sus casillas.

-       Tenemos que hablar.
-       Al menos salúdame. Es lo mínimo que me debes ¿no?

Recapacité y pensé: efectivamente se atrapan más moscas con miel. Debo controlarme. Luego de una breve pausa detuve mis pensamientos iracundos y observé que no me costaba nada algo de amabilidad. Además, después de todo no tengo certeza alguna si fue él o no. No podía lanzar alguna acusación, todavía no.

Re acomodé la mirada y ajusté mi actitud. Mis nervios se apaciguaron y sin pedir disculpas mi lenguaje corporal se disculpó por mi. Si mal no recuerdo este tipo debe tener unos veinticinco años. 

-       No creo que quieras hablar aquí, sube - me dijo. 
-       No creo que sea necesario - le respondí. 
-       Mírate, estas empapado en sudor. Lo cual no me molesta, todo lo contrario, me encanta verte así.

Nuevamente tuve que dominar un arranque de ira, aunque ésta se manifestaba en las venas de mi cuello y la mutación de el color de mi rostro a un rojo intenso.

-       Aún me excita ver como te enojas, querido.
-       Puta madre… – murmuré tratando de no evidenciar mis ganas de estamparle un derechazo en la cara.
-       Sube querido. – insistió él.

Subí al auto. El motor arrancó y salimos del edificio.

-       Detente en esa calle detrás de mi auto - le indiqué. 

Ni bien se detuvo y sin más preámbulos saqué mi celular y le enseñé mi foto que habían usado en la aplicación. Sin embargo, él no prestó atención mínima a la evidencia y continúo conversando como si no hubiese pasa nada. 

-       Me acuerdo como renegabas por el teléfono en tu oficina Helmut. Extraño esa voz enérgica y varonil por todo el pasillo ¡Ah esos tiempos!
-       ¿Por qué lo hiciste? – insistí y nuevamente le mostré la foto, y él chico seguía mirando hacia la ventana mientras hablaba o pensaba en voz alta.

No quise pero al ver que no lograba nada, lo jalé por el hombro y le alcé la voz.

-       No he venido hasta aquí para visitarte y te hagas el inocente.
-       ¿Qué te sucede imbécil? – dijo enojado. 
-       Hablo de la foto huevonazo - me emperré. 
-       No se de que hablas querido. Acaso no has venido a recordar viejos tiempos…

Lo sujeté del brazo, casi me voy encima de él. Le lancé una mirada letal y amenazante. 

-       Mírame bien marica de mierda. No te hagas el listo conmigo.      

Él lejos de asustarse se aplomó. Se zafó de mi brazo con violencia y satisfacción, irritando aún más mis alterados nervios. 

-       Así me cogiste aquella vez ¿te acuerdas?  Cuando entraste a mi habitación. Ah… (suspiró). Siempre supe que había algo especial en ti.  

Dicho esto sacó un cigarro del compartimiento de su auto y lo puso en sus labios.

-       Me gusta pensar que fui el primero.
-       Sabía que habías sido tú – le respondí.
-       Querido…
-       Calla mierda. Dime ¿por qué lo hiciste?

Toda reacción mía fue inútil, él no respondía las preguntas, por el contrario, solo lanzaba comentarios que revelaban un pasado que no quiero recordar. Finalmente, agotado y temeroso de cometer alguna imprudencia o arrebato, decidí irme y al abrir la puerta del auto, él finalmente reaccionó.

-       ¡Espera!
-       Tienes cinco minutos o me voy - le advertí. 

Él bajó el volumen del radio y apagó el motor de su auto. Estabamos a punto de iniciar una larga conversación.

-       Sin rodeos esta vez. Dime por qué lo hiciste - le dije firmemente. 

Él se quedó pensativo.

-       El pasado está a la vuelta de la esquina Helmut.
-       Así parece ¿Por qué? ¿Por qué esperaste todo este tiempo?
-       A veces algunos creen que el pasado es como un asesinato perfecto. Creen que pueden huir de él sin dejar rastro y salirse con la suya ¿no es así?

Me quedé en blanco al escucharlo, mis ojos se quedaron mirando al vacío frente al parabrisas.

-       Tu me gustabas mucho querido. Tanto que dejé de quererme un poco para quererte un poco más a ti. Y me cagaste.
-       Yo no te hice nada.
-       ¿Ah no? Me vas a decir que me quedé sin trabajo de la noche a la mañana solo por que sí…
-       ¿De que me estas hablando?
-       Una foto en el grindr no será el mayor de tus problemas.
-       Lo sabía fuiste tu.

Cuando creí que no podía ser peor, él sacó su teléfono y comenzó a reproducir un video. Al verlo palidecí y me quedé inmóvil.

-       Esto debe ser un mal sueño.
-       No querido, esto es un gran sueño, al menos para mí.
-       Como pudiste…- le dije con una risa irónica, nerviosa y llena de frustración – Esto no esta pasando.
-       He salido de la peor de tus pesadillas.
-       ¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Trabajo?
-       Dinero tengo, trabajo me sobra. Después de todo mantenerme alejado tuvo sus beneficios. Por eso no hice nada de inmediato, he estado ocupado creciendo y ganando influencias para regresar.
-       Entonces solo querías vengarte…
-       Sabia que en algún momento terminarías por ser abiertamente homosexual. Y empezarías a usar todas esas aplicaciones y chats. Y no me equivoqué, caíste en mi anzuelo.
-       ¿Qué estas hablando?
-       Sabia que para encontrarte tenia que llamar tu atención.
-       No seas dramático. Podías ir a mi oficina a buscarme y enfrentarme.
-       No querido, encontrarte ahí no es divertido. Encontrarte online lo es.
-       Sabes cuantas personas han podido ver esa foto y en cuantos problemas me has metido.
-       ¿Y cuando hiciste que me corrieran acaso pensaste en mí?
-       Huevon tu contrato había terminado, no podíamos renovarte…
-       ¿Por qué? A ver dime – interrumpió él.

Me quedé callado por un momento. Luego traté de responder.

-       No se exactamente que pasó.
-       Helmut, vamos al grano.
-       ¿Qué quieres decir?
-       Mira tu celular.

Saqué mi celular del bolsillo y no ví nada en particular.

-       Abre el grindr querido.

Al abrir la aplicación, encontré un mensaje del perfil que usaba mi foto, ahora si no había dudas de que había encontrado al culpable. Abrí el chat y el mensaje que me habia enviado en ese instante, era una foto.

-       La puta madre…
-       Y tengo más de esas fotos querido. El video es mejor, aunque no se ve mucho tu rostro los tatuajes te delatan. Cada vez que me acuerdo de ti, las miro y empiezo a tocarme…
-       Si no las borras te voy a romper…
-       ¡¿A romper que?! Por favor ex jefecito, no te hagas el matoncito.
-       ¡Dame tu celular! - le exigí casi exasperado. 
-       Querido ¿me crees tan huevon? Gracias a lo que sucedió esa vez en mi casa me ayudaste a descubrir algo de mí: cuando quiero algo lo consigo. Te tuve y te vuelvo a tener en mis manos. Obviamente tengo copias de todo.

Me sentí atrapado como un cocodrilo boca arriba tratando de reincorporarme.  

-       No puedo creerlo – le dije lamentando haberlo conocido.
-       Me encanta que hayas manejado horas para venir a buscarme. Si esperabas un par de horas más no hubiese sido necesario que vinieras. Tengo que ir a Lima por la tarde.
-       ¿Por qué haces esto?
-       Tengo una propuesta para ti.

Continuará.

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